KLOTHOS

Documentación, no marketing.
Agustín Elías Fuentes · Incubadora Córdoba Biotech, Oficina 9, Córdoba
KLOTHOS es un complemento alimenticio en formato stick soluble con cuatro activos (creatina, magnesio, vitamina D3 y jengibre) a dosis respaldadas por la evidencia científica. Nació de una convicción: el consumidor informado merece saber exactamente qué toma, en qué cantidad y con qué respaldo. Por eso cada lote incluye un certificado de análisis público, verificable por QR, y una biblioteca de evidencia abierta con más de 150 referencias. Sin promesas ni marketing aspiracional: documentación. Una marca de Córdoba para España y Portugal.
¿Qué os hizo emprender y cómo fueron vuestros comienzos como empresa?
Mi trabajo consiste en mantener a una persona con vida mientras su corazón está parado. Llevo más de veinte años en un quirófano de cirugía cardíaca, y eso te enseña algo que no se aprende en ningún sitio: que la vida se acaba, a veces sin avisar, y que las cosas que uno “siempre quiso hacer” tienen fecha de caducidad aunque no la veamos. Yo siempre había admirado a la gente que emprende. Me parecen valientes, inconformistas, gente a la que casi nunca se lo ponen fácil y que aun así sigue. Y llevaba años con esa vena dentro, sin atreverme, porque no tenía tiempo: el hospital, las guardias, la docencia, la familia. Hasta que entendí que el tiempo no iba a aparecer solo; había que quitárselo a otra cosa. Lo hablé con mi mujer. Que ella aceptara, sabiendo que significaba tardes y fines de semana que no serían para nosotros, fue lo que de verdad puso KLOTHOS en marcha. La idea llegó de mi otra mitad, la de investigador. Llevo años en un grupo del IMIBIC leyendo estudios, y cuando uno se acostumbra a mirar la evidencia de cerca ya no puede dejar de hacerlo. Un día me puse a leer con esos ojos las etiquetas de los complementos que yo mismo tomaba, y lo que encontré me molestó: fórmulas con veinte ingredientes en cantidades tan pequeñas que estaban ahí para poder nombrarlos, no para que sirvieran de algo; afirmaciones que sonaban a ciencia pero que ningún estudio sostenía; y ninguna manera de saber qué contenía de verdad el bote que tenía en la mano. Era un mercado lleno de promesas y vacío de pruebas. Y yo, que como consumidor quería cuidarme con criterio, no tenía nada en lo que confiar. Fue entonces cuando me hice la pregunta que se convirtió en KLOTHOS: ¿y si existiera un producto que hiciera exactamente lo contrario? Pocos ingredientes, solo los que tienen evidencia sólida, a las dosis en las que esa evidencia existe, y con una condición innegociable: que cualquiera pudiera comprobarlo por sí mismo, sin tener que fiarse de mi palabra. No inventar nada, sino documentarlo todo.
Empecé como autónomo, con mis ahorros y sin saber casi nada de empresa. Sabía de fisiología y de evidencia; no sabía lo que era un modelo de negocio, ni cómo se notifica un producto ante Sanidad, ni cómo se habla con un laboratorio, ni cómo se registra una marca. Lo aprendí todo desde cero, a base de leer normativa por las noches, y preguntar mucho. Y lo hice con más ganas que tiempo, que es probablemente la única forma en que se empieza algo así.
Y después de esos comienzos, ¿cómo ha sido la evolución de la empresa: vuestros retos, fracasos, superación…?
Ha sido una travesía, y la mejor forma de contarla es por lo que hoy existe y hace un año era solo una libreta. Una fórmula de cuatro ingredientes elegidos no por lo que suenan sino por lo que la ciencia respalda, a las dosis en que esa evidencia existe. Una biblioteca de evidencia pública con más de ciento cincuenta referencias verificables, que explica también lo que la ciencia no demuestra, porque contar solo la mitad no es informar. Un sistema para que cada cliente pueda escanear su caja y ver el análisis del lote que tiene en la mano. Un producto notificado, registrado y fabricado en un laboratorio farmacéutico certificado. Una marca registrada. Y un sitio en la Incubadora Córdoba Biotech, ganado en concurrencia competitiva. El reto de fondo ha sido hacerlo todo solo, en un sector donde el atajo siempre está a mano y donde la tentación de prometer es enorme. Ha habido cosas que no salieron a la primera y que me obligaron a volver atrás y aprender; cada una de ellas hizo el producto más sólido. Si algo define esta evolución es que KLOTHOS ha llegado hasta aquí sin renunciar en ningún paso a lo que lo hace distinto: la honestidad como método, no como eslogan.
Y ahora, después de lo vivido, ¿qué os lleváis con vosotros? ¿qué reconocimientos, o premios habéis recibido?
Premios, ninguno todavía, y no es lo que persigo. Lo que me llevo es un aprendizaje que no cambiaría por ninguna vitrina. He aprendido que el rigor, que en mi profesión es obligatorio, en el mundo de la empresa es una ventaja competitiva rarísima. He aprendido que una sola persona, con método, disciplina y las herramientas adecuadas, puede construir lo que antes exigía un equipo entero. He aprendido a leer normativa como quien aprende un idioma, a negociar con un laboratorio, a registrar una marca, a hacer un plan financiero y a defenderlo delante de un comité. He aprendido que la honestidad no es solo un valor sino un modelo de negocio, y que hay un consumidor informado esperando exactamente eso. Y he aprendido, sobre todo, humildad: que ser experto en algo no te convierte en experto en lo demás, y que preguntar es más rápido que suponer. Los reconocimientos que sí he tenido me importan por lo que significan: haber completado el programa Aula E del IMDEEC, haber sido seleccionado para la tercera convocatoria de Córdoba Biotech y que su comité destacara la madurez y el rigor del proyecto. No son trofeos; son señales de que voy por buen camino.
En esta carrera de obstáculos que ha sido sacar adelante vuestra empresa, ¿qué ha supuesto para vosotros pertenecer al ecosistema de la Red de Emprendimiento de IMDEEC y el estar alojados en uno de los viveros de empresas del IMDEEC?
Para alguien que viene del mundo sanitario, emprender es entrar en un país cuyo idioma no hablas. El IMDEEC ha sido mi traductor, y antes que eso, mi primera puerta. Aula E fue donde un perfusionista empezó a pensar como empresario: allí entendí qué era un modelo de negocio, un plan financiero, una propuesta de valor. Y allí descubrí que detrás de la Red de Emprendimiento hay personas que se toman en serio a quien empieza, que te escuchan y que te devuelven una llamada. Córdoba Biotech ha sido el siguiente paso, y lo recuerdo con una emoción concreta: el día que entré por primera vez en la oficina y vi que KLOTHOS tenía un sitio de verdad, con su nombre. Pasar de la mesa de la cocina a una incubadora biotecnológica cambia cómo te ves a ti mismo. Los mentores que me dicen la verdad sin adornos, los peer reviews donde compartes avances y dudas con otros fundadores que están en lo mismo, la sensación de formar parte de una ciudad que apuesta por la ciencia y por quien se atreve: eso es lo que me ha dado la Red. Mi intención es estar aquí mucho tiempo, y devolver a otros proyectos lo que a mí me han dado.
Y una empresa tan innovadora como la vuestra, ¿cómo ve el futuro y su propia evolución?
KLOTHOS lleva el nombre de Cloto, la moira griega que hilaba el hilo de la vida. No es casualidad: la ciencia bautizó con ese mismo nombre a una proteína asociada al envejecimiento, y en esa intersección entre mito y biología está la idea que mueve el proyecto: cuidar el hilo, no prometer milagros. El futuro inmediato es sencillo de decir y difícil de hacer: salir al mercado, ganarme a un consumidor informado en España, y después en Portugal. Pero lo que de verdad me ilusiona viene después. Quiero que KLOTHOS pase de apoyarse en la evidencia de otros a generar la suya propia, en colaboración con grupos de investigación del IMIBIC en áreas como la salud cardiometabólica y la cronobiología. Y quiero explorar, con ese mismo rigor científico, la línea que da sentido al nombre: la investigación sobre longevidad y envejecimiento saludable. No como una promesa, sino como una pregunta que merece respuestas serias. Si en unos años KLOTHOS es la marca que, en su categoría, ha estudiado lo que vende y ha publicado lo que ha encontrado, incluido lo que no funciona, habré cumplido. Nuevos productos vendrán, pero solo si pasan el mismo filtro: documentación, no marketing.
Y para finalizar, ¿qué recomendaciones y consejos podríais ofrecer a aquellos emprendedores que comienzan con la ilusión de poner en marcha una idea de negocio como os pasó a vosotros?
Os diré lo que me hubiera gustado que alguien me dijera. Primero: el momento perfecto no llega; se elige. Si esperas a tener tiempo, dinero y seguridad, no empezarás nunca. Segundo: emprende con quien tienes al lado, no a pesar de ellos. Habla con tu pareja y con tu familia antes, porque el proyecto lo pagan también ellos, y su apoyo será lo que te sostenga los días malos. Tercero, y esto es autocrítica: no te enamores tanto de tu producto que olvides a tu cliente. Yo dediqué mucho a hacerlo perfecto y poco a escuchar; habla con la gente desde el primer día, aunque lo que tengas sea un boceto. Cuarto: si tu sector está regulado, la regulación no es un obstáculo, es parte de tu producto. Respétala desde el principio; los atajos se pagan y la seriedad, a la larga, es lo único que no se puede copiar. Quinto: no lo hagas solo. Busca un ecosistema, mentores que te contradigan, otros fundadores. Nadie sabe de todo, y lo que no sabes es exactamente lo que más te va a costar. Y último, desde mi profesión: cuídate. Ver cada día lo frágil que es la vida me ha enseñado que emprender merece la pena solo si no te lo cobra en salud. Descansa, camina, y recuerda por qué empezaste.

